jueves, 12 de diciembre de 2024

El viaje II

   Hoy subí en uno de los puentes del acceso. Lili me deja de camino a su trabajo. "El de Gorriti", así le llaman.  El oeste se ha vuelto frecuente para mi. Jamás pensé que iba a conocer la zona oeste, confieso. Para un sureño, como yo, eran tierras lejanas. De paso ocasional, quizás, en camino hacías otros lares. Pero el amor sorprende en los lugares menos esperado. 

Este punto donde me bajo es Gral. Rodríguez., pero si cruzara el puente pasaría a estar en Moreno. Esas cosas que tienen las calles divisoria entre partidos. 

Acá me tomo un 57, "la lujanera", hasta Palermo.  Son 60 km de viaje.  Me tomo servicios qué vienen de Luján (85 km) Mercedes (110 km) y también Navarro (126 km). Alguno van a Once pasando primero por Constitución (Acceso Oeste, Autopista P. Moreno y 25 de mayo)  y otros, como este, a Palermo.  Por acceso Oeste, Autopista del Buen Ayre, Acceso Norte y Cabildo, hasta Plaza Italia, donde hoy me bajo. Y la alternativa al colectivo es el tren, el histórico Ferrocarril del Oeste, "el Sarmiento". 

De una u otra manera tengo un viaje de una hora y media (a veces dos), minutos más, minutos menos; siempre dependiendo de la carga vehicular de los accesos, en la hora pico. Ja!, ya parezco el del noticiero qué informa el estado del tránsito. Espero que valores toda la data que te estoy dando. 

Y es que con tanto tiempo de viaje si no leo o escribo me aburro. Dormir es una opción, claro. Extender las horas del sueño matinal no es mala. A veces lo aplico, pero tengo que estar muy cansado para dormirme.  Prefiero otras opciones y esta, que estas leyendo, es una. Lo lamento.

Si hubiera una recompensa de "millas acumuladas" en transporte público, como esa de la tarjeta de crédito, ya hubiera dado varias veces la vuelta al mundo. 

A esta altura de la escritura voy por la mitad de viaje. 

Estoy sentado del lado del pasillo. Pero por la ventanilla no hay nada muy interesante para ver. Se sucede el mismo paisaje: autopista, tráfico y conurbano. A veces entristece ver tanta pobreza a cada lado del camino. Uno cae en la cuenta que los gobiernos pasan y la pobreza queda, se extiende. 

La mujer que está a un asiento, pasillo de por medio,  no se si durrme o esta muerta, porque tiene la cara tapada por una tela negra. Parece un trozo de cortina porque tiene las argollas a la vista. Bueno, habrá sido el primer retazo de tela oscura que encontró antes de salir, supongo. Desde que subí está en la misma posición.

La pasajera que está a mi lado también duerme como varios de los que viajan más atrás. Es que parece que el sector "dormitorio" es la parte de atrás del micro. Hay excepciones, obvio. Pero acá en el fondo predomina el sueño. 

¿Estará viva?

El aire acondicionado del coche se hace sentir. Estoy de manga corta. Y con "piel de gallina" en los brazos; en cualquier momento arranco la cortina de la ventanilla y me tapo. 

Escribo para pasar el tiempo y creo que, también, para no tener frío. Afuera hace veintisiete grados y un solazo.  Acá, adentro, unos quince.

Ya por Av. Cabildo.

Vive, si. No llamen al SAME. 

Se acaba de despertar.

Y se sacó la tela del rostro. La guardó como avergonzada. 

Y se levanta porque tiene que bajarse. 

A mi me queda un poco más de viaje. Pero no mucho. Ya estoy cerca.

Otro día más. 

Gracias por acompañarme. 

Si leíste hasta acá es porque nada importante tenías que hacer. O estas viajando como yo. 


JPG.

sábado, 7 de diciembre de 2024

El viaje.

 


Cierro la cortina para no dejar entrar el sol. Al apoyar el brazo, la siento "rústica", digamos; pienso en sudores y tierra absorbida por la tela. Me da escozor. Al tacto, se parece más a una lona que a una tela. Igual la dejo cerrada; el sol pegándome en la cara, en este momento, me fastidia más. Tengo sueño y no puedo dormirme.

Estoy en un colectivo de media distancia, que a veces se hace de larga cuando el acceso está pesado, como hoy. Es un colectivo largo, doble, con "fuelle" en el medio. Y pienso en un bandoneón y en su hermano, el acordeón. Este no hace música.

"Prohibido apoyarse sobre el fuelle" me pareció que decía un cartel, pero nadie hace caso. Busco con la mirada, desde mi asiento, el cartel. No lo veo. ¿Era aquí o en el tren donde lo decía?

Estoy sentado mirando hacia atrás, pegado al fuelle, y pienso que estos coches dobles aparecieron en una época, pero luego quedaron transitando pocas unidades. Gusanos del asfalto. Hay que saber calcular muy bien al momento de girar esta carcasa larga. Los chóferes tienen cancha y, menos mal, que no tienen sueño. A mí, a cierta hora, me da sueño al manejar. Con lo que me gusta viajar por la ruta, lo siento como un castigo.

A mi papá le pasaba lo mismo. Se dormía manejando. Recuerdo cómo protestábamos con mis hermanos porque se detenía a dormitar en la ruta, en un viaje a la costa. El karma o la herencia.

El interior está lleno, digo, el del colectivo. El del país no tanto. El tránsito está pesado, parado; el país también. Y escribo para distraerme porque tengo sueño para leer. Miro a la gente. La chica sentada en el piso lee un apunte. Estudia medicina, parece. Cuento: unos diez escuchan algo con auriculares. Gracias por usarlos. A veces hay que soportar al que se cree disc jockey y piensa que puede musicalizar el interior del transporte con su música. Tuve que googlear cómo se escribe, confieso; tengo poca cultura de boliche. Insoportables esos que escuchan música con el celu a todo volumen.

Esta mañana, en el noticiero, contaban que un chófer, no sé dónde, se agarró a las piñas con dos porque escuchaban la música fuerte. En el colectivo hay más reglas, parece, pero el tren es más "anarquista". La voz cantante la llevan los vendedores. Nadie más lee.

Otros diez, al menos a mi vista, la mitad del colectivo, se distraen con el celular. Somos once, porque escribo en este. Y algunos miran la nada. ¿En qué pensarán? Quién puede, dormita.

Salimos del tráfico en el peaje; ahora el colectivo va por el carril exclusivo de la autopista. Un alivio. Veo desde mi ventanilla a los autos trabados, unos con otros, a paso lento. El castigo de viajar en auto a Capital. El ómnibus avanza ligero. De una u otra forma, la ciudad nos castiga; somos los que osamos atravesar sus límites todos los días.

Antes de terminar de escribir, ya estoy en Constitución. Tengo que bajar. Me espera el subte. Ahí sí no se puede viajar en el fuelle, pero algunos tienen alma de aventureros.

Jpg

Veracruz 2477. Valentín Alsina

( A la memoria de C. M.)    Esta dirección, en la ciudad de Valentin Alsina fue durante, al menos veinte años, un lugar muy especial. Claudi...